Periodistas comprometidos con la gente

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En época de pandemia, hay mucha gente en la calle que apenas si logra alimentarse, a la que hay que ayudar.

La pandemia del Coronavirus ha servido también para desnudar una gran parte de la condición humana y humanitaria de los periodistas que cubren hechos noticiosos en Pasto.

Por Víctor Chaves R. #ReporteroNomada

Todos los reporteros quieren cumplir su tarea, pero la respuesta a esta actitud no es la misma. Es evidente la actitud fría de las fuentes institucionales frente a las situaciones particulares de cada comunicador en estos momentos críticos.

Pero el tema de hoy no es exactamente ese. Quiero destacar que en algunos casos hay periodistas que van mucho más allá, para bien de sus audiencias, que son las comunidades.

Sin embargo, quiero resaltar que ya para casi nadie es un secreto que la profesión del periodismo se ha venido maltratando y desprestigiando casi desde sus orígenes. Tampoco que mientras algunos muy pocos reciben tratamiento  de estrellas de la farándula o algo por el estilo, otros, la mayoría, especialmente en las poblaciones intermedias y pequeñas, sobreviven exclusivamente por la pauta publicitaria, que en el 90 por ciento de los casos proviene de las instituciones oficiales.

La profesión del reportero es “pordebajeada” desde las altas esferas: los gobernantes y los propios propietarios  de los grandes medios, que lo terminaron convirtiendo en un mero “cargaladrillos”. Por cuenta de “Sea Usted el periodistas de su población” y “El Reportero soy yo”, terminó convertido en ejecutor de un simple oficio. Un oficio para el que solo se necesita un celular y algo de Internet. No importa si sabe o no la diferencia entre una crónica y un reportaje, por ejemplo.

En épocas de tragedias o de crisis, como la de ahora, todos los periodistas se preocupan porque el boletín institucional que reciban se difunda rápido y llegue lo más pronto posible a sus audiencias. Se afanan por una “primicia” y hasta arriesgan su vida con tal de alcanzar los hechos.

Todos esos afanes y la necesidad de ser amigo de las fuentes oficiales, terminaron de hundirlos en el irrespeto y hasta en la humillación. Una palmadita en la espalda (cuando se podía), daba por saldado el compromiso de la fuente con quien haría que su declaración llegara a quien de verdad debería interesarle.

Ahora, en épocas de pandemia, lo único que ha cambiado para varios de los periodistas más veteranos y para otros jóvenes de quienes salen al aire en estos momentos, es su condición personal y familiar, que con seguridad está más deteriorada. Muchos, y decimos esto porque lo sabemos, están mal de salud y hasta aguantando hambre. Todo ante la mirada fría de las fuentes de información, que solo los buscan en las redes y en los celulares porque los siguen necesitando. Así de patético y sencillo.

Pero más allá de todo esto, que es crítico y que por ahora no va a cambiar, pues faltaba decir que además de todo, los periodistas que trabajamos a destajo somos poseedores un peculiar orgullo que nos impide manifestar que algo nos duele, o nos falta, porque “qué pena, andar mendigando”, existe un puñado de colegas que está demostrando una amplia capacidad de compromiso con las comunidades, especialmente con las que están más expuestas a todo tipo de acciones y reacciones negativas.

No deja de generar orgullo y admiración ver que existen periodistas dispuestos a sacrificar su zona de confort y su estado de salud inclusive, con tal de asistir y ayudar a quienes de verdad lo necesitan.

En esta coyuntura se sabe que solo aquí en la ciudad de Pasto, por lo menos  una media docena de comunicadores decidieron superar su compromiso informativo para pasar a buscar recursos y medios de hacerle la vida menos difícil a algunas familias en este drama que se está viviendo. Unos se asociaron con cadenas de supermercados. Otros están haciendo colectas, barrio por barrio, etc. También se sabe que están recurriendo al apoyo de amigos y familiares, inclusive del exterior, con tal de completar algunas remesas para grupos de familias que padecen dificultades de todo tipo, inclusive por ser víctimas del conflicto social y armado que golpea a Nariño y Colombia desde hace mucho tiempo.

Desde esta columna hacemos un gran reconocimiento a todos los periodistas que están adelantando tareas humanitarias, recogiendo alimentos y otros enseres para los más necesitados, por lo menos para algunos de ellos, ya que al parecer a las autoridades locales y regionales ya no le alcanzarán los recursos y los medios para atender a quienes siendo pobres no aparecen registrados en ningún programa de asistencia social.

Todos pidieron el anonimato y eso me parece muy bien. Pero desde aquí enviamos una voz de admiración y de profundo respeto por romper las fronteras de su compromiso comunicativos e involucrarse en la muy difícil tarea de asistir a los más necesitados.


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