Historia del primer viacrucis en vivo realizado en San Pablo, Nariño

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Siendo el profesor José Leonardo Pabón rector de la Institución Educativa Normal Superior Sagrado Corazón de Jesús, le surgió la interesante idea de llevar algo distinto y novedoso a la organización de la Semana Santa del municipio de San Pablo, Nariño.

Por Mauricio Bravo Cerón.

Fue así como se empezó a cranear, hasta llevarlo a la realidad,un viacrucis en vivo. Para ello el rector Pabón trajo desde la ciudad de Pasto a Bobby Guerrero, un director de teatro que, según cuenta el locutor Julio Sandoval, él conoció en el municipio de Chachagüí.

Una vez el profesor Guerrero estuvo en San Pablo y se le planteó la idea, comenzó la tarea de buscar los actores que representarían, en el Viacrucis en vivo, tanto los papeles principales, como los secundarios y algunos extras, con parlamentos escasos. Dada la facilidad que esto representaba, sobre todo a la hora de ensayar, la mayoría de estos actores fueron escogidos de entre el personal y los estudiantes de la Normal.

Una persona que, dada la existencia en la Semana Santa de San Pablo de una representación de la guardia romana, que estaba bajo sus órdenes, tenía la suficiente experiencia como para darles una mano, fue el señor Silvio Bolaños, a quien se convocó y estuvo presente desde los primeros ensayos de este proyecto artístico.

El papel de María estuvo a cargo de una tocaya suya: María Realpe, hermana de Franco Realpe.

La salida de la representación se hizo desde el Palacio Municipal. Jesús, que fue representado por Julio Sandoval, es llevado por un par de soldados romanos desde ahí hasta el palacio de Herodes Antipas, ubicado en la casa de la profesora Aleida Fernández. El actor que representaba a Herodes los envía con Poncio Pilatos, cuyo palacio estaba ubicado en la casa cural. Una vez ahí, como en toda película sobre la pasión de Cristo, Pilatos y Jesús tienen un pequeño diálogo.

Inicialmente Pilatos habla desde el balcón a un Jesús que aún se encuentra en la calle. Le pregunta, entre otras cosas, si él es el rey de los judíos. Finalmente lo hace pasar al balcón. Y es aquí donde como en todo hay cosas que por más que se ensayen de repente salen mal. El profesor Guerrero les había enseñado un truco basado en dos láminas delgadas que al juntarse emiten un sonido tan fuerte que pareciera que el golpe o latigazo fuera real a pesar de no serlo.

Sin embargo, por un exceso de fuerza, el golpe que el actor Pilatos da al actor Jesús no sólo sonó real sino que también lo fue. Ante este hecho y la expresión de dolor de Julio, que quedó como una anécdota para que él se la contara entre risas a sus amigos, hijos y nietos, fueron inevitables las risas del público presente en esta representación religiosa.

Igual pasó con el momento de los latigazos: A Julio lo despojaron de su túnica, lo pusieron en posición y entonces, dice, no se sabe si fue que el muchacho encargado de azotarlo no entendió o si se cometieron errores en los ensayos, el caso es que fueron por lo menos tres latigazos de cierto modo reales y dolorosos, cuando se trataba sólo de arrimar el látigo a la humanidad el choque de las dos delgadas láminas daría el efecto de realidad necesario a la escena.

Y una vez más hubo inevitables risas del público presente.

Otra de esas fallas que quedan para el recuerdo, y de la que pocos se dieron cuenta en el acto, sucedió en el momento del ahorcamiento de Judas.  Para representar este complejo papel dentro de la pasión de Cristo, el profesor Guerrero se trajo a un avezado actor desde Chachagüí. De entre los árboles del antiguo parque Simón Bolívar se escogió uno para que el actor Judas se colgara.

Como este muchacho ya había representado este papel en diversos lugares, cuenta Julio que les contó previamente el profesor Guerrero, se confiaba en él y en que ya sabía cómo colgarse del árbol escogido sin que por ello se le viera afectado el cuello o su respiración. Pero, por una extraña razón, el arnés, que él llevaba bajo la túnica, y que esas otras veces hizo de as bajo la manga para este tipo de escenas y sus riesgos, en esta ocasión no le funcionó.

Para fortuna tanto de él como de la representación, que se dividía en varios episodios así como también recorría varios lugares escogidos de entre los ambientes que San Pablo ofrecía al equipo de trabajo locativo, hubo quienes se dieron cuenta de este percance y lo descolgaron del árbol antes de que la falla pasara a mayores.

Superado el impase, vino el momento de que Jesús llevara la cruz a sus espaldas hasta el calvario con todo lo que este episodio conlleva. Para desarrollar la escena de la crucifixión se escogió un lugar en la vía hacia el municipio de San Lorenzo despejado y ubicado junto a una finca de propiedad del señor Segundo Víctor Muñoz. Este sitio fue previamente adaptado para la situación. Siendo las tres de la tarde para el momento de esta escena, lo increíble cuenta Julio, era ver toda esa gente que aún los seguía y que se daba sus mañas para llegar hasta aquel lugar.

Comparada con la cruz de la pasión de Cristo, la que Julio cargaba a sus espaldas durante este camino era liviana, de tal manera que el único peso que él sintió fue al momento de alzarla y ponerla sobre su hombro.

Se hizo tan bien, tan creíble, la representación de la crucifixión que mucha de esta gente lloró. La gente, sobre todo los mayores, llegó al extremo de insultar a los soldados romanos, porque “pobrecito”. El efecto de realismo se logró gracias a otro truco que traía bajo sus mangas el profesor Bobby Guerrero. Unos ganchos gruesos de los cuales Julio se agarraba, unidos a un colorante de tonalidad roja fueron los causantes de la impresión. Así mismo pareció real la colocación de la ya conocida corona de espinas.

Tras el esfuerzo para poner vertical la cruz con Jesús crucificado, la impresión se hizo aún más grande.

Todos se preguntaban, y no hallaban respuesta, ¿Cómo es que él está ahí colgado? Y sangrando.

Saca Julio el dato de que de la época de estas representaciones a la actualidad han pasado alrededor de treinta años al recordar que uno de esos tantos que lloraban al verlo crucificado fue su hijo Óscar Andrés, en aquel entonces un bebé de brazos; hoy un médico.

“Lo cierto”, señala a manera de conclusión, “es que esta fue una experiencia muy bonita y muy enriquecedora en el sentido de uno apoderarse de las cosas. Fue arduo el trabajo: Repasamos casi todas las tardes (y en la noche) durante casi dos meses”. Después, el sábado santo, se hizo la misma representación, pero en el teatro municipal, lugar que les ofreció ciertas ventajas, como poder representar la escena de la última cena y otras secuencias, difíciles de hacer en exteriores.

Otra sensación que le queda a Julio de esta experiencia teatral fue el estar lleno de mucho sentimiento, pues terminada la obra todos los presentes corrieron a felicitar a los actores y cuenta él que, en su caso, fue inevitable ver y sentir caer lágrimas de sus ojos. Jamás, antes de aquella ocasión, se hubiera imaginado estar ahí representando a Cristo, tanto así que se cree escogido entre los actores por su gruesa y potente voz, con la que podía llegar a gran cantidad de gente sobre todo en exteriores.

De tanta gente que había en el sitio observando, a veces tocaba gritar, señala.

Tres o cuatro años después se volvió a hacer la misma representación y, aunque fuera también algo importante, ya no causó la misma impresión, las mismas reacciones, que la primera vez. Como en la actualidad no todo el mundo asiste a las misas propias de la Semana Santa, como el Sermón de las siete palabras o el lavatorio de los pies, sería interesante, dice Julio, a modo de estrategia para ofrecerle algo más de lo habitual a la gente, el volver a retomar, aunque ya con distintos actores, el viacrucis en vivo. Sería ésta una manera de atraer a aquellos que, por uno u otro motivo, se quedan por fuera, hacia estas cuestiones religiosas, concluye.


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