En Pasto, nos llenamos de rateros

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Rateros, un problema latente. (Foto Google).

Pululan los atracadores, los carteristas y los asaltantes a mano armada; ya se conocen casos de apartamenteros y en general no es difícil percibir la inmensa sensación de inseguridad que hoy agobia a los pastusos, sin distingo social o de barrio.

Víctor Chaves R. #ReporteroNomada.

Es difícil la coyuntura social de Pasto. Factores como la convivencia, la seguridad y la tranquilidad de los ciudadanos están hoy en juego. Es un hecho y no una especulación que la delincuencia, en muchas de sus expresiones se ha tomado el control de vastos sectores de la ciudad y por el momento no se perciben verdaderas acciones para contrarrestar este hecho.

Es muy posible que los comentarios de esta columna susciten descontentos en los sectores públicos y de Policía, por ejemplo, pero ya que estamos estrenando alcaldía pienso que es un momento oportuno para hacer un comentario analítico sobre este asunto que no debe tratarse con fines demagógicos, ni politiqueros, sino con la certeza de que estamos hablando de algo que afecta al 100 por ciento de la población.

Porque precisamente ese es uno de los elementos que llaman la atención en esta oleada de crímenes urbanos y rurales en Pasto: Se rompieron las fronteras geográficas y sociales de nuestra capital nariñense. Los delincuentes aparecen ahora en cualquier lugar de la ciudad, a pie, en motocicleta o en automóvil.

También atacan sin distingos: Prácticamente ya no hay familia en la que por lo menos uno de sus miembros no haya padecido el rigor de los maleantes.

Tampoco los limitan los horarios a los atracadores: según decenas, léase bien, decenas, de narraciones y versiones, los asaltos armados se cometen no solo en la madrugada o al caer la penumbra. Cualquier hora del día es propicia para que los delincuentes actúen.

Las mujeres y los adolescentes están en la mira; también las mascotas de raza, los niños con zapatos de marca, los automóviles que se dejan parqueados en lugares indebidos, las bicicletas de alta gama, los celulares…

Hoy Pasto está expuesto a diferentes expresiones delincuenciales sin antecedentes en cuanto a la cantidad. No es exagerado señalar que es peligroso salir a las calles y no cerrar con doble llave la puerta de la casa, o permitir que los niños estén solos o que los mayores deambulen sin compañía.

Tampoco es exagerado decir que es muy pobre el papel de nuestras autoridades de policía en materia de control de la delincuencia. Está claro también que durante la administración del alcalde Pedro Vicente Obando, poco o nada se trabajó en esta materia. Por el contrario fue en este periodo administrativo que los indicadores de delincuencia se dispararon para la gente del común.

Todos sabemos que existen unas condiciones generales para el aumento de la delincuencia común y organizada en nuestra ciudad: Un desempleo que raya en lo dramático, las migraciones descontroladas hacia poblaciones como las nuestras, los desplazados y la ausencia de inversionistas que generen productividad y trabajo. Y si a todo esto se le suma la desidia institucional, el panorama ni podría ser peor.

La tarea de devolverle la seguridad y la tranquilidad a los pastusos es inaplazable e inclaudicable para el alcalde Germán Chamorro. La ciudad no tolera más maleantes en las calles. Hay un estado de temor colectivo y todos claman para que este mandatario tome las riendas de la seguridad antes de que nos convirtamos en una ciudad inviable por culpa de los delincuentes.


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