No más demagogia, el tiempo ya se agotó. Se aproxima la extinción casi total de la vida en el planeta

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Calentamiento global. El mundo arde.

Los gobernantes y los megaempresarios deben frenar su alocada carrera productiva de bienes de consumo y llena de mentiras, antes de provocar una nueva hecatombe. Quienes pensamos que aún hay una oportunidad, tenemos que comenzar a pensar de verdad la forma en que vamos a evitar la extinción de las formas de vida  existentes en La Tierra.

Por Víctor Chaves R. #ReporteroNomada

Desde hace varias décadas científicos, académicos y algunos líderes ambientalistas comenzaron a advertir de manera reiterada sobre el destino de la vida en este planeta, si no se adoptaban medidas que modificaran  el angustioso proceso de desgaste de los recursos que provee la naturaleza y no se frenara la angustiosa contaminación sin freno.

Pues bien. En realidad, eso nunca sucedió. El proceso de depredación por el contrario creció en su ritmo hasta llegar a puntos irreversibles. Inclusive el daño que se causó luego de las primeras advertencias fue mucho más grave y letal que hasta ese entonces. El capitalismo voraz, más allá de cualquier ideología, muestra hasta ahora las fauces de una desconsideración sin límite. Alimentada exclusivamente por el dinero y el poder.

Tristemente, hay que decirlo, los primeros ambientalistas considerados oficialmente como tales, los defensores de la vida en cualquier expresión, los animalistas y demás, fueron utilizados como clichés de supuestas luchas que nunca en realidad llevaron más allá de unos triunfos locales o parciales, y que siempre estuvieron muy lejos de hacer contrapeso al avasallador paso destructor de la maquinaria pesada de las grandes corporaciones.

Muchos de ellos terminaron inclusive contratados por las propias empresas que provocaban daños ambientales de gran envergadura, les financiaban costosos videos documentales o cosas por el estilo, a cambio de prestar sus figuras que debían lucir bonachonas, acariciar a algún animal y lanzar algunos discursos ecologistas.

En pocas palabras,  muchos líderes del ambientalismo terminaron como cómplices grotescos del aparataje que destruye lo poco que queda del mundo, solo porque necesitaban patrocinio para terminar algún pequeño proyecto sin trascendencia.

La falta de agua será una de las cusas para las nuevas guerras. (Foto ReporteroNomada).

Con esa gabela, y a sabiendas de que las luchas para salvar la vida se convirtieron en excusas neo hippies, el capitalismo se sintió y aún lo hace, a sus anchas y no escatima en su proceso de voracidad.

De lo que aún hay, lo quieren todo. Los recursos naturales, los biocombustibles, la tierra, las semillas, todo. No les han valido para nada los pactos mundiales, como el de Kioto o el de París, porque para ellos no se trata sino de un mero discurso populista, al punto de que mandatarios de la talla del norteamericano Donald Trump han desconocido la realidad de fenómenos como el calentamiento global.

Tal vez, los más poderosos piensan que podrán vivir en el inmediato futuro, protegidos de la contaminación con máscaras o burbujas. También creerán que podrán huir del planeta y buscar, como en las películas y libros de ficción nuevos lugares para habitar y salvar a la humanidad.

Pero en todo caso, lo que sea que crean que van a hacer, deben implementarlo ya, porque cada vez la vida se hace más compleja y los síntomas de peores días en esta materia se evidencian a diario.

Pero entonces surgen aquí otras preguntas: y mientras los ricos aseguran su supervivencia, el resto de los 8 mil millones de pobladores del Planeta Tierra ¿Qué? ¿Vamos a permitir que en efecto las cosas se den de esta manera?

En menos de un año la vida en gran parte de la amazonia y del continente australiano prácticamente desapareció por la acción inclemente del sol y las nuevas temperaturas. Las crisis por falta de agua, la desaparición de muchas especies vivas y otros elementos más, son testimonios ahora cotidianos del drama que se vive en nuestro mundo y que parece que tendrá un pronto y triste final.

Al parecer así  lo permitiremos. Seremos cómplices consumistas de lo que el gran poder quiere que comamos o nos untemos. Terminará la vida o por lo menos se reducirá drásticamente y no seremos capaz de ponerle freno a las acciones de los gobernantes y los megaempresarios irresponsables.

Pero si pensamos que esto no puede seguir así. Que no podemos ser testigos y víctimas mudas de la depredación sin límite de los seres humanos, entonces empecemos por frenar tanta demagogia, tanto discurso barato y tanto cliché y pasemos a una fase siguiente. A la de implementar acciones reales para acabar con la mentira institucional global que hay en esta materia.

No más mentiras, no más abusos. No más engaños con el fin de la vida en nuestro planeta. Si hay esperanzas, estas las debemos construir e implementar  entre todos nosotros. No esperar que una multinacional nos termine proveyendo este “servicio”.


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