Califican al Meme como la primera expresión cultural del siglo XXI

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Meme, expresión cultural del Siglo XXI. (Foto Google).

Desde perspectivas como las emanadas de las comunicaciones, la sociología e inclusive de la antropología, este recurso de las masas para intentar entregar un mensaje se constituye en una evidencia transformativa de las sociedades contemporáneas.

Meme, primera expresión cultural del Siglo XXI.
Meme, expresión cultural del Siglo XXI. (Foto Google).

Análisis y resumen de medios internacionales.

Quién podría haber calculado a comienzos del nuevo milenio, que en los años siguientes la sociedad recurriría a la simplificación de las unidades que componen un lenguaje como respuesta al desbordado devenir de las tecnologías sobre el grueso de la población.

Tampoco se alcanzó a dibujar en este entonces que en medio de todo ese proceso que redujo las palabras a la mitad, que acabó con la ortografía y de paso casi con los libros, aparecería una forma gráfica que recogería todo, experiencias, innovaciones y creatividad, principalmente, para convertirse en la principal pieza para alcanzar ese objetivo preciso de «decir algo»: el meme.

«… una imagen o un vídeo con fines caricaturescos, una brevísima cápsula de humor que habla del aquí y del ahora …», es un intento de definición que en el diario El País, de España, hace Guillermo Alonso, un estudioso del tema quien asegura que la palabra sin embargo, no pertenece al mundo que hoy domina,

Por su parte G. Pérez Salazar, docente y tratadista de expresiones culturales modernas, sostiene que «… el meme en Internet es un recurso expresivo que posibilita la identificación de rasgos identitarios de los grupos que los generan y replican. Así, se identifican memes cuyos sentidos van desde la discriminación y el racismo, hasta la exaltación de actos de nobleza y desinterés».

Se necesita: a) un chiste privado y visual que se haya popularizado previamente; b) una herramienta de edición que permita manipularlo, y c) un público receptor que esté al tanto de la broma previa, entienda la broma nueva y la comparta al instante, haciéndola viral. Las posibilidades, como en un fractal, se multiplican hasta el infinito.

“Cualquier cosa con cierta gracia y mínimamente comentada en Twitter es susceptible de convertirse en meme si eres capaz de utilizarla para generar bromas que vayan más allá de lo que en sí representan”. Lo dice Modesto García, diseñador gráfico que, 36.000 followers después y comprobando lo bien que se le daba medir la actualidad a golpe de meme, se reconvirtió en asesor de redes sociales para diferentes marcas. “Un gesto de un político puede tener cierta gracia y ser bastante comentado, como [el alcalde de Madrid] Almeida subido a una valla intentando limpiar sin éxito un grafiti, pero realmente se convierte en un meme cuando la gente empieza a utilizar este material audiovisual para propagar con él nuevos mensajes”.

Un meme es, ante todo, el chiste más rápido del mundo. En un momento en el que nuestro umbral de la paciencia está en bajos históricos, los libros que se editan tienen de media 20 páginas menos que hace 10 años y los stories de Instagram deben contar algo en 15 segundos, el internauta quiere algo que le haga reír en el tiempo en que una imagen tarda en pasar de la parte inferior de la pantalla hasta desaparecer para siempre en la superior, sostiene Alonso.

El surgimiento y consolidación del meme ha dejado atrás a los puristas del lenguaje y las comunicaciones, lo mismo que a los cultores clásicos. Pero es un efecto, no aislado, ni casual, que se ajusta perfectamente a una sociedad, que siempre está de afán y que hasta para reírse, necesita de un tiempo mínimo.


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