Zozobra en silencio. La guerra que el Estado ya no ve

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Guerra en Nariño. Grupos armados imponen su ley en territorios de conflicto.
En las zonas de conflicto social y armado, la gente aún clama por la #VerdaderaPaz. Foto Reportero Nómada

El homicidio de Sábalo. La guerra en Nariño nunca acabó. Los violentos siguen mandando. Los elenos ya controlan gran parte de la cuenca del bajo Patía. Del otro lado están los paramilitares.

Grupos armados imponen su ley en territorios de conflicto. La guerra en Nariño

Por Víctor Chaves. Reportero Nómada

Caído el jefe de la Estiven González, el choque ahora será por la cordillera. Santacruz y Santa Rosa, territorios reguladores del mercado de la coca, serán escenarios de sangre en muy poco tiempo. Qué dolor para los habitantes.

En la cuenca del río Patía, en el Pacífico y en la cordillera caucana – nariñense mucha gente cae a diario por las balas del paramilitarismo, de las bandas armadas, de la guerrilla, de las mafias, en fin, lo que sobran son actores armados. Pero el Estado no aparece.

Procedentes de esos territorios llegan a diario a las cabeceras, a Tumaco, a Pasto, a Cali y a muchos lugares más, decenas de familias, hombres, mujeres y niños, huyendo del terror de la guerra, del reclutamiento infantil, de las balas, de las bombas y de la ilegalidad. Algunas instituciones locales y regionales tratan de apoyar con todas sus limitaciones, pero en general el Estado conserva su estado de invisibilidad.

Hay que recordar que uno de los primeros pactos alcanzados durante los diálogos de La Habana entre el Estado, en cabeza del presidente Juan Manuel Santos, y la guerrilla de las Farc – ep, fue que precisamente serían las instituciones oficiales las que entrarían a ocupar los territorios en donde claramente la organización guerrillera tenía el control social, económico y político.

Nada de esto ocurrió. Nunca se hizo presencia, nunca se coparon territorios dejados al libre albedrío de los delincuentes y nunca se atendió a las víctimas de más de medio siglo de guerra. Así las cosas, nunca fue difícil percibir que lo que se venía era una transformación del conflicto. Una nueva visión y ejecución de la guerra.

Y por novedosa que sea la forma de afrontar una guerra, el resultado iba a ser el mismo: miles de víctimas dejando sus territorios, sumidos en la más grande miseria, llenos de horror y sin la menor esperanza.

Hoy la cuenca del bajo Patía, el pie de monte, la costa pacífica y la cordillera ven el desfilar de bandas armadas, de grupos guerrilleros y paramilitares. Todas dispuestas a ganarse un espacio y a hacerse respetar de los demás. Es el presagio de lo que ya todos por esos lados vieron venir y hoy se aprestan a partir, dejando lo suyo en medio de una guerra irregular, sin cuartel.

El homicidio de Sábalo es una muy preocupante señal. Es el indicativo de que por lo menos ya una organización asumió el control territorial o por lo menos de una parte de este, el Ejército de Liberación Nacional, ELN. Un espacio que se ha ganado a sangre y fuego y que se ha llevado por delante la vida y la tranquilidad de decenas de personas.

No es algo que se haya obtenido con facilidad. No se puede olvidar que por estas fechas se cumplen precisamente dos años del homicidio de varios exguerrilleros, en una cifra que nunca se determinó, y que se señaló como autores precisamente a hombres de esta organización guerrillera.

Hoy la gente está saliendo de esos territorios. Hay órdenes perentorias en este sentido emanadas de los jefes de la guerrilla elena en esta región. Toda la familia de Sábalo debe dejar la zona en un término no mayor a 10 días. De lo contrario será aniquilada.

De la misma manera, varios líderes ya salieron de poblaciones como Sánchez y madrigal, en donde el paramilitarismo también ha dejado sentada su posición: “El que no los respalde, ya está muerto”, como me lo expresó en Pasto y entre lágrimas y una lideresa que tuvo que dejar todo porque su vida estaba en juego.

Y en medio de todo esto vale la pena preguntar: Y ¿El Estado, qué papel juega en todo esto?, podemos decir que por ahora es un simple y silencioso espectador. No habla, no reconoce lo que está pasando, no hace presencia en los territorios, no atiende a las víctimas…

¿De qué me hablas, viejo? Parece ser su mejor argumentación. Y mientras tanto, la sangre seguirá corriendo.


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