Ecos del Paro: Crece la consciencia social, pero aún no es suficiente. Escasea el liderazgo, ronda el miedo…

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El Gobierno pretende seguir ignorando al pueblo colombiano. Es decir que esta gigantesca expresión popular, le vale un comino. Pero apenas es un paso el que se dio este jueves. Esmad, vandalismo, capuchos e infiltrados… un tema siniestro.

Víctor Chaves. #ReporteroNomada. Periodista independiente.

Por Víctor Chaves R. #ReporteroNomada

Pasó el 21 de noviembre. Pasó el gran paro nacional. El suceso superó todas las expectativas. Motivados por muchas causas y razones, millones de colombianos salieron a las calles en muchas ciudades para gritar, cantar y maldecir de mil maneras y putear un poco también a quienes nos tienen así.

Hubo de todo: murgas, comparsas, grupos teatrales, tatuados, disfrazados, cantantes, oradores, estudiantes, estudiantes, mujeres, ancianos, en fin. En muchas partes se le dio a esta expresión popular un tono carnavalero que volvía mucho más impactante el mensaje que se quería transmitir.

Que en realidad fueron miles los mensajes que de una u otra manera se esperaba que retumbaran en los oídos de Iván Duque y de toda esa cofradía de ineptos, incapaces, corruptos, tramposos y hasta mafiosos que rodean o hacen parte del sistema de gobierno, y propiciaran, no sé, algún efecto, un impacto que llevara a esta gente a reconocer lo que han hecho con los colombianos. Algo que obviamente no sucedió.

Toda esa alegría desbordante se tradujo en un lamento colectivo por el momento histórico que vive el país, con elementos que forman parte de la memoria histórica, y que se repiten cada periodos indeterminados de tiempo, pero también porque existen claras evidencias que se quiere seguir atentando contra los menos pudientes desde la cabeza que gobierna y manda este país.

El aniquilamiento de la población indígena, la presencia de mandos en las fuerzas militares y policiales con claro adoctrinamiento fascista y todas las políticas antisociales anunciadas no solo por el mandatario sino por los miembros de ese colectivo que de ser político ha pasado a convertirse en macabro, como es hoy el uribismo, han producido el germen de un expresión colectiva de absoluto rechazo, lo que se evidenció en el paro del 21 de noviembre.

Está claro, para quienes le hemos apostado a la construcción de la verdadera paz, que es un hecho muy gratificante. Inesperadamente gratificante, pues es una respuesta colectiva que llevábamos décadas esperando. Y que, por más que lo nieguen o sigan presumiendo de lo contrario, estoy seguro de que más de un alto funcionario debe por lo menos estar considerando que, en efecto, hay un agotamiento generalizado que puede estallar con mucha más fuerza que lo que se evidenció este jueves.

Lo de ayer no puede ser flor de un día. Tiene que convertirse en un despertar, que construya un movimiento y que defina claramente sus objetivos. Y que no descanse hasta que se alcancen. Hay que permanecer, insistir, perseverar, trabajar en la formación sociopolítica. Que todos entendamos porqué hay que participar y formar parte de los que queremos que Colombia brille, sin corruptos, sin ineptos, sin asesinos.

Preocupa como nunca la carencia de verdaderos líderes. Está claro que no existen personas con la suficiente fortaleza para encabezar un movimiento como el que se está construyendo. Esto no es de nadie y por ello es necesario desechar a los dinosaurios de esa izquierda obsoleta, caduca y muy corrupta. Ellos, definitivamente, no son.

Pero es una tarea en la que hay que trabajar con  intensidad, con verdadero compromiso. Quienes sienten que pueden asumir estos roles de liderazgo deben prepararse como se debe. Leer mucho, recorrer los territorios, hablar con la gente, construir un mensaje. Por ahora el vacío es evidente.

La parte tenebrosa del tema es la del Esmad,  los capuchos, los infiltrados, los vandálicos. Eso está fuera de todo control. Nadie puede decir con certeza quién está detrás de todo esto. Es un tema muy delicado, que puede terminar de dividir a la gente y sobre el que habrá que trabajar con inteligencia y mucha amplitud de pensamiento. No se resuelve de un día para otro.

Pero lo cierto es que el paro trajo además de alegría, mucha esperanza. Muchas expectativas positivas. Mucho deseo de sumar y aportar desde el periodismo independiente, por lo menos desde mi parte.

Lo que se ha hecho no es suficiente, pero es una gran demostración de que sí se puede. No decaer, es la consigna de hoy.


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