Los niños de la guerra, hoy hombres de paz

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Esta investigación muestra la cruda verdad tras el conflicto armado en el departamento de Putumayo y cómo los menores de edad eran utilizados. Los propios protagonistas cuentan sus tortuosas historias.

Noticias Putumayo

En el selvático departamento del Putumayo, al sur de Colombia a mediados de los 80 comenzó hacer presencia la guerrilla de las Farc, en el Medio y Bajo Putumayo a traídos por los cultivos de coca y la producción petrolera que se ejercían sobre todo en la zona baja del departamento.

Ingresaron los primeros hombres armados de las Farc en tres frentes por la región del municipio de Puerto Guzmán y se extendieron por el Medio y Bajo Putumayo, hasta el punto de manejar grandes recursos económicos tras asociarse con el narcotraficante Gonzalo Gacha ‘El Mexicano’, asociación que terminó en una guerra entre la gente de Gacha que tenía su propio ejército llamado los ‘Masetos’ y los guerrilleros de las Farc.

No fue nada fácil lograr conseguir testimonios de excombatientes de las Farc, que ingresaron niños a las filas alzadas en armas y hoy son personas adultas con sus propias vidas y lejos del oscuro pasado de la guerra.
Una de ellas Yineth Trujillo, quien es una de las miles de niños guerrilleros desmovilizados en los últimos 15 años.

Recuerda el día que se volvió a rencontrar con su familia en una población del Putumayo, de donde fue reclutada a la fuerza cuando tenía tan solo 12 años de edad. «Había estado llorando todo el día», me dice. «Fue la primera vez que veía a mi familia en años. Me habían dado por muerta».

Hoy, a los 27 años, es una mujer sofisticada, con una sonrisa radiante y dos hijas felices. Se encuentra muy lejos de la niña de 12 años de edad, a quien la guerrilla le lavó el cerebro y obligó a actuar de informante. «Dieron a los niños un montón de entrenamiento en el manejo de explosivos y a mí en la recolección de inteligencia», recuerda.

Los abortos

Yineth Trujillo dice que le obligaron a practicar abortos en otras reclutas, que no estaban autorizadas a tener hijos a fin de mantenerlas enfocadas en sus tareas de guerrilla. «Esto fue lo que más me ha traumatizado», comenta.
«Las mujeres (reclutas) piensan que si se quedan embarazadas van a ser libres. Están equivocadas en su momento. No importa de cuánto estén embarazadas. Podría ser de 2 u 8 meses. De cualquier manera les hacían abortar», dijo Trujillo.

Su capacidad de recuperación era similar a la de muchos otros excombatientes como lo contó la excomandante Sandino, en entrevista con este medio.

Yineth Trujillo, cuando se rencontró con su familia a sus 17 años luego de permanecer 5 años en las Farc.

Pasado triste

Algunos de los niños desmovilizados eran llevados a la granja. Su ubicación exacta se mantenía en secreto para protegerlos de las facciones rebeldes que abandonaban.

*Carlos, que lleva puesta una camiseta de la selección Colombia, nos contó cómo, a la edad de 15 años, pasó hasta 5 horas en la batalla viendo a sus amigos muertos a tiros junto a él. Hoy a sus 19 años estudia en el Servicio Nacional de Aprendizaje, Sena de Puerto Asís.

*Juan, que ahora tiene 22 años, nos mostró donde fue herido de bala en la cabeza mientras estaba con las Farc. Desde la edad de 12 años, fue un comandante de la unidad, lo que significa que él y sus subordinados se encargaron de tareas de guardia. Hoy es panadero de profesión y tiene su propio proyecto de emprendimiento en un pueblo del Medio Putumayo.

*Yolanda, una chica delicada con el pelo largo y negro, también de 16 años, describió cómo se quedó dormida mientras estaba de guardia una noche. Su castigo fue llevar rifles pesados durante la próxima patrulla. Hoy con 23 años de edad carga entre sus brazos a su primer hijo.

Para ayudar a aliviar el trauma de lo que han vivido, los niños de la guerra y hoy hombres de paz tuvieron que pasar varios meses en la granja, hasta que mostraron signos de recuperación y se encontraron viviendas adecuadas y seguras para ellos.

“Aprendimos a cultivar verduras, alimentar a los animales y a confiar otra vez en extraños”, narro Yolanda.

Sin opciones

La sicóloga de bienestar infantil de unos de los centros rehabilitación, Carolina Maya Rivera, dice que muchos de los niños soldados no tenían opciones cuando fueron reclutados.

«Tomaron las armas y los uniformes no porque quisieran sino, porque no tenían otra opción», dice.

Al preguntarle qué difícil es que un niño de las Farc logre adaptarse a la vida civil, la profesional expresa que «los niños no son víctimas ni asesinos. Las personas no son buenas o malas. Es algo que les ha pasado».

Las experiencias de muchos que llegan a las zonas de rehabilitación o granjas son tan crudas que están centrados en el día a día, a pesar de que a primera vista parece que son un grupo con determinación.

*Leonardo, uno de los excombatientes más veteranos, quien fue reclutado por las Farc a la edad de 11 años después de haber sido torturado por el Ejército, narra que le gusta la política y en las pasadas elecciones se lanzó al Concejo de su pueblo en el Bajo Putumayo pero no obtuvo los votos necesarios. Lo hizo por un partido político que nada tiene que ver con la izquierda. “En 20 años quiero ser presidente”, sonríe pero con voz firme.

Yineth Trujillo, fue reclutada por las Farc a sus 12 años, y hoy es una mujer de paz.

Corazones y mentes

Las historias de los niños pintan un cuadro de brutalidad en los más de 50 años de conflicto en Colombia.

El Gobierno acusa hoy a las disidencias de las Farc de continuar reclutando niños, como quedó demostrado en el caso de la muerte de 8 menores en una operación militar en zona rural del municipio de San Vicente del Caguán, en el departamento del Caquetá.

Las autoridades militares y de Policía como las civiles vienen informando en este departamento que el reclutamiento de menores de edad a las filas de las disidencias es una práctica rutinaria y que no solo se hace con campesinos sino, también con población indígena.

Se ha podido demostrar y con testimonios de prensa que el frente primero de las disidencias Farc, que opera en la zona norte del Putumayo tiene en sus filas un número importante de menores de edad.

Danilo Alvinzu, uno de los comandantes de este frente indica que estos menores llegan por su iniciativa propia huyendo del maltrato que son víctimas en sus hogares disfuncionales y por la misma falta de oportunidades en educación y salud.

El sueño al alcance

De vuelta en su casa, cerca de la capital, Bogotá, Trujillo está escribiendo un libro sobre sus experiencias. También está ayudando a rehabilitar a otros excombatientes con la agencia de reintegración del Gobierno colombiano.
Es evidente que está satisfecha con la ayuda que las autoridades le han dado para adaptarse a la vida normal, pero dice que aún queda mucho por hacer.

En la pared hay un cuadro con la imagen en la que aparece con sus dos hijas jóvenes, todas ellas sonriendo. Encapsula su sueño de una vida familiar plena, un sueño que ahora parece accesible.

Por Germán Arenas


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