Sin capacidad para el asombro

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Colombianos, sin capacidad para el asombro. (Foto #ReporteroNomada)

En un país en donde pasan cosas tan horribles y lamentables todos los días, ya nada nos saca de nuestra zona cómoda. Seguimos viendo el horror en las noticias de la televisión, como si fuera otro reality u otra telenovela. Las redes sociales, son apenas un frágil e inútil desahogo.

Por Víctor Chaves R. #ReporteroNomada

En varias oportunidades y aprovechando que soy el “dueño” de estos espacios virtuales, es decir que nadie me puede “despedir” por decir estas cosas, me he preguntado ¿En qué momento nos convertimos en unos cafres sin opción para la redención?

Hoy lo vuelvo a hacer. No solo porque se hayan asesinado a unos niños que son llevados contra su voluntad, o por medio de engaños, a una guerra tan irregular como cruenta, promovida tristemente desde el aparato estatal, sino por nuestra reacción: darnos unos golpes de pecho, lanzar varios suspiros de tristeza y nada más. Pasar la página y esperar  la siguiente noticia funesta, para repetir el acto.

Aunque la explicación para esta actitud social tan lamentable se ha buscado entre sociólogos, sicólogos sociales, psiquiatras, historiadores y demás, todo nos lleva a concluir que desde hace rato estamos adormecidos por viejas estrategias como la del “Pan y circo”, “calumniad, calumniad, que de la calumnia algo queda”, “hagámosle que aquí nadie dice nada”, “tranquilo, que alcanza para todos”,  y muchas otras por el estilo que han servido entre otras cosas, para perpetuar en el poder a una clase social arribista, mentirosa, inescrupulosa y corrupta, sin que de verdad se haya hecho mucho para destronarla.

Somos un país de cafres, gobernado y manejado por escorias que construyen su imperio pisoteando a una gente que de verdad no le importa, porque está preocupada por la tv, los partidos sociales y las redes sociales.

En este, que parece ser un proceso irreversible de robotización, los colombianos estamos a la vanguardia en la fase de “idiotización”, es decir que somos ejemplo global sobre como doblegarnos  a las nuevas tiranías sin chistar palabra alguna de reproche o rebeldía. Que hace rato perdimos las esperanzas, porque ya nada nos asombra. Somos un país resignado.

Hoy, los más rebeldes, que son pocos y disminuyendo, creen que ganaron una batalla porque un ministro tan anciano como malandro decidió irse a beber licor tranquilo a la sala de su casa, sin responderle a nadie por haber asesinado a un puñado de chiquillas y chiquillos.

De no ser por lo macabro de toda esta situación, hasta risa da, pensar en el pírrico triunfo. Se les olvida que los asesinos siguen mandando y dominando al país, mientras nosotros seguimos sentados frente al televisor  o con la cabeza inclinada sobre la pantalla del celular.

La carencia de una capacidad para asombrarnos, nos ha convertido en seres insensibles frente al dolor; egoístas, pues solo nos preocupamos si tocan “lo nuestro”, es decir las pertenencias materiales y un poco a la familia cercana.

El resto es decir la tragedia que golpea y aflige a una gran porción de nuestros hermanos, se cura con unos golpecitos de pecho y unos suspiros. Y corramos, que ya la novela va a empezar.


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