La campaña que concluyó. Entre el miedo, la corrupción y los malos candidatos

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Elecciones en Colombia. (Foto Google).

Nariño figura entre los territorios en donde disminuyeron los votantes en proporción de la población en capacidad de votar. Varios factores incidieron de manera negativa en el proceso electoral en nuestra región.

Por Víctor Chaves R. #ReporteroNomada.

En mi calidad de comunicador tuve la oportunidad de vincularme al proceso electoral de este año, como prestador servicios profesionales y asesor en algunas de las campañas que se desarrollaron en el departamento de Nariño.

Eso me permitió una vez más tener una perspectiva particular de lo que aconteció en la medida en que se acercaba la fecha de votación, que no es necesario llegar al descubrir de nuevas cosas y, por el contrario, lo que se puede avizorar es precisamente lo contrario, es decir que las viejas mañas se mantienen.

Las elecciones en Colombia y en Nariño tuvieron algunos elementos comunes: un deseo intrínseco de avanzar, aunque sea un poco, en la búsqueda de un país diferente, al que hasta ahora nos ha tocado, pero carente de argumentos, de propuestas, de iniciativas, de verdadero liderazgo, lo que lleva este anhelo a convertirse una vez más, en mera demagogia.

En Nariño, y en el suroccidente de Colombia otro elemento común fue el miedo. Al regreso de las expresiones más crueles de la guerra, de la violencia indiscriminada. Miedo a exponer un pensamiento diferente, que se salga del molde ficticio que la izquierda ficticia y falsamente alternativa impuso desde hace más de una década. Miedo de hablar, miedo de expresar, miedo de movilizarse. También miedos las limitaciones, a la carencia de recursos, a las puertas cerradas de los medios para aquellos que no tengan dinero…

La corrupción electoral siguió mandando. Todos tienen precio por estas épocas y para muchos, incluyendo a aquellos que se aprestan a dejar sus cargos, la temporada electoral sirve para capitalizarse, es decir para recoger lo que más se pueda para las épocas de vacas flacas o bien para la próxima campaña.

Lo cierto, es que una gran porción de todas las millonadas que se gastan los candidatos más pudientes, se fue a parar a los bolsillos de los más torcidos, en las ciudades, en las veredas y en los corregimientos. Para una gran porción de estos candidatos fue un gasto infructuoso, pues fallaron en sus objetivos. Pero para muchos significó también una gran desilusión, ya que dejaron sus capitales en manos irresponsables, que los despilfarraron sin compasión, para nada.

Pero tampoco pueden olvidar que la clase política es la responsable histórica de adoptar este modelo de hacer campaña, que promueve la corrupción y la pone precio a todo el mundo. Los políticos les enseñaron a los falsos líderes que estos procesos de trata de calmarles el hambre a los más torcidos, que tristemente son los mismos que consiguen los votos en masa. Ahora todo esto no significa sino perdición y despilfarro. Especialmente para los perdedores.

 Y si a todos estos elementos le agregamos la baja calidad intelectual y humana de una gran porción de los candidatos, que se suman a la inexperiencia política de muchos, entonces el plato estará servido para que sean los ineptos, los oportunistas y los inescrupulosos los que asumen el poder.

Todo esto se está viendo y se comenzará a padecer en nuestro territorio a partir de enero.

Ojalá que nos equivoquemos.


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