3 temas de obligatoria NO coincidencia con Iván Duque, para el nuevo gobernador de Nariño

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Megaminería en Colombia. (Foto Google)

Fracking, megaminería y fumigación con glifosato, son asuntos NO negociables para la futura administración departamental de Nariño. La estabilidad social y política del territorio dependerán, en gran medida de las actitudes y posturas que asuma el nuevo mandatario en este sentido.

Por Víctor Chaves R. Reportero Nómada

Una motivación mundial que ha venido creciendo como consecuencia lógica de los anuncios y advertencias sobre el calentamiento global, el agotamiento de los recursos naturales y los riesgos para la subsistencia de la vida en el planeta, es la movilización social y política contra todos los elementos que contribuyen al deterioro de las condiciones de sobrevivencia, en especial de aquellas acciones del ser humano en las que prevalecen la codicia y la ambición por encima de cualquier otra consideración.

Prácticamente hay una acción global de resistencia a todos los factores que atenten contra lo poco que queda de vida en el planeta, los recursos silvestres y la vida animal en general. Aunque se admite que se trata de acción que posiblemente comenzó a implementarse muy tarde, entidades del orden global como la Organización de Naciones Unidas, ONU y sus organismos especializados, aprueban y apoya estas movilizaciones que buscan la defesa de la vida.

En nuestro país, se puede decir que el mensaje ha llegado aún más tarde y que no fue escuchado con seriedad en un comienzo. Pero ahora es evidente que las voces que reclaman un mejor trato para la naturaleza y la subsistencia de la vida misma han ganado espacios importantes, lo que ha permitido que a través de sus líderes se promuevan actos en defensa de la vida, de los recursos naturales, de algunas especies y territorios, con relativo éxito. Y por supuesto en un país como Colombia, toda acción popular genera una reacción violenta en su contra, lo que ha costado la vida de 24 de los 165 líderes ambientalistas asesinados en el mundo desde 2018, según organismos internacionales especializados, como el informe de la organización Global Witness y otros tantos, pese a lo cual la defensa de la vida sigue suscitando el interés y generando responsabilidades entre los jóvenes y también entre las comunidades nativas y rurales, especialmente.

Gracias a todo esto y al clamor mundial se ha despertado paulatinamente la necesidad de defender los recursos naturales, como única manera de garantizarles un futuro tranquilo a los bebés y niños de hoy. La acción mediática En Colombia ha permitido focalizar tres objetos de debate discusión y lucha en medio de un mar de calamidades ambientales:

Fracking en Colombia. (Foto Google).

Fracking

Definido en muchos documentos como un modelo de  fracturación hidráulica, ​ o estimulación hidráulica, mediante una técnica para posibilitar o aumentar la extracción de gas y petróleo del subsuelo, que consiste en someter a una fuerte tensión el subsuelo para fracturar la roca y recopilar el combustible.

La técnica que desarrolla este método, implica la utilización de grandes volúmenes de agua, provocando además riesgos para todo el hábitat en donde se desarrolla la explotación de crudos, lo que lo ha convertido en un modelo que no tiene acogida por parte de las comunidades directamente afectadas y cuenta con la solidaridad de una gran porción de las sociedades contemporáneas que no justifican un efecto tan grande solo para obtener un poco combustible. “El impacto es irreversible y afecta directamente a uno de los recursos que ya evidencia escasez en algunos territorios, como es el agua”, sostiene a sus alumnos Orlando Murillo, un docente universitario en el área de Química.

Pero por supuesto los intereses económicos alrededor del petróleo son muy elevados y eso llama la atención de gobiernos ávidos de recursos para cumplir sus planes de desarrollo, que terminan sucumbiendo a esta oportunidad, pero colocándose en contra de comunidades que por lo general padecen muchas necesidades, propiciando situaciones complejas en apartados territorios que deben ser sorteados por las administraciones locales y departamentales sin disponer de los recursos y la logística necesarios para atender de manera definitiva la solución de tan aguda problemática.

Si bien no hay información oficial sobre la práctica del fracking en Nariño, es importante asumir un rol político claro en esta materia, ya que para un mandatario regional que de entrada quiera ser permisivo y abrirle las puertas a este modelo de exploración y explotación de gas e hidrocarburos, significaría una especie de suicidio político. Se puede ser o no copartidario y amigo del gobierno central, pero en este caso un gobernador de este territorio no podrá ir de su mano.

Megaminería en Colombia. (Foto Google).

Megaminería

La Bioguía, una plataforma ambiental que pretende una educación real frente al ambiente y el impacto de la acción humana sobre ella, define a la megaminería como una industria químico – extractiva que genera graves impactos a todos los ecosistemas del mundo, contamina las reservas de agua dulce, afecta la salud de millones de personas y financia graves violaciones a los derechos humanos.

Aunque radical en sus planteamientos, la mencionada plataforma también denuncia el real destino de todo lo que se extrae y la distribución de las ganancias, que por lo general son pírricas para los pobladores de los territorios de donde se hace la extracción.

Se trata de otro tema de discusión a nivel mundial, que involucra por ejemplo de lleno a subregiones y territorios de los departamentos de Nariño y Cauca, en el suroccidente de Colombia. Es un territorio que alberga, según el Ministerio de Minas, una gran porción de la reserva aurífera que se calcula hay en el país y que podría contener “la mayor parte sin explotar”, por lo que los ojos y los expertos de multinacionales expertas en estos modelos de explotación están abiertos y listos para comenzar a extraer la valiosa piedra, sin considerar el enorme impacto ambiental y la situación para el entorno poblacional.

Es un hecho que la minería informal o artesanal y la ilegal también vienen golpeando la naturaleza y los recursos y de muchas maneras es más lo que ha empobrecido a los pobladores nativos o habituales de los territorios afectados, que cambiar aunque sea parcialmente para bien su condición de vida, por lo que los gobernantes regionales deberán abordar este asunto con mucha responsabilidad, buscando cogestionar con el gobierno y la cooperación internacional nuevas alternativas productivas, modelos limpios de extracción mineral y mucha educación ambiental, pero siempre lejos de los grandes megaproyectos mineros.

La mega extracción es un tema innegociable con el gobierno central para quien quiera gobernar del lado de las comunidades estos territorios del suroccidente colombiano.

Fumigaciones aéreas con glifosato. (Foto Google)

Fumigación aérea con glifosato

El glifosato es uno de los herbicidas más reconocidos en el mundo entero. Se puede decir que su utilización es masiva. Como consecuencia de estos, está claro que prácticamente todos vivimos en riesgo de exponernos a este tóxico. Pero por supuesto, quienes lo utilizan y quienes reciben su impacto con asiduidad y en mayor volumen ya están padeciendo sus nefastas consecuencias.  En 2015, la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC) de la Organización Mundial de la Salud (OMS) la clasificó como “probablemente carcinogénico para los seres humanos”. Lo cual, teniendo en cuenta lo reacia que suele ser esta agencia a la hora de clasificar sustancias en esos listados, dice mucho acerca de la acumulación de evidencias científicas que existe acerca de los riesgos de este herbicida.

No obstante lo anterior, se trata de un producto que genera cuantiosas ganancias a sus fabricantes y muy especialmente a sus comercializadores, que cuentan con línea directa con presidente de países muy importantes  que ayudan en la tarea de lobby y marketing para que sean otros países, por lo general pequeños y/o subdesarrollados, los que terminen comprando y aplicando el veneno.

Colombia, con sus 170 mil hectáreas de cultivos ilícitos, es el cliente ideal para Monsanto y las demás productoras del letal químico. Por eso no dudan en acudir al socio mayor, el gobierno de los Estados Unidos, para presionar la fumigación aérea de los cultivos de coca, como parte fundamental de una estrategia para supuestamente terminar con el negocio de las drogas prohibidas.

En Colombia la discusión sobre su aplicación se ha extendido hasta llegar a los más altos tribunales. La Corte Constitucional ha expedido conceptos y  opiniones, pero finalmente dejó en manos del Consejo Nacional de Estupefacientes la determinación final sobre su aplicación. El gobierno nacional se muestra partidario de su utilización en los cultivos de uso ilícito y siente en su cuello la presión de Donald Trump.

Pese a todo esto, la voluntad de las comunidades campesinas, indígenas y afro en las regiones productoras es de decirle un no rotundo a esta iniciativa, y prefieren acoger otras opciones como la erradicación manual, que no es una tarea sencilla, tampoco.

El nuevo gobernador de Nariño, deberá ser firme en la determinación de oponerse a la fumigación con glifosato. Ya hay evidencias y testimonios tristes y dolorosos. El concepto científico también ya lo advierte. Pero lo más importante es que la comunidad no desea sufrir la miseria social y económica a las que los someten las fumigaciones que acaban con todo, incluyendo su salud.


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