Diez años sin Mercedes Sosa. El legado de «La Negra»

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El 4 de octubre de 2009 dejó este mundo la cantante popular más representativa de Argentina y muy posiblemente de toda Latinoamérica.  Tucumana de origen, pero admirada en distintas latitudes, «La Negra» dejó un legado marcado por su pasión por el canto y su amor por el arte.

Haydée Mercedes, como fue bautizada por sus padres Ernesto “Tucho” Sosa, de oficio zafrero y Ema del Carmen Girón, lavandera, nació un 9 de julio de 1935 en Barrio Parque de la capital tucumana donde creció con pasión por la danza y el canto.

Un día de 1950 su amor por la música la llevó a escaparse de la escuela para participar de un concurso en la histórica radio LV12, bajo el seudónimo de Gladys Osorio para que su padre no se entere. Al ganar la competencia interpretando “Triste estoy” de Margaritas Palacios,  siguió presentándose en la radio hasta que su padre la descubrió, lo que no impidió que su carrera solo fuera hacia la cima.

Años después, tras combinar actuaciones con clases de folklore en las escuelas, en una peña conoció a Oscar Matus, un músico mendocino, con ideas avanzadas para la época con el que abandonó Tucumán para instalarse en la provincia cuyana.

Se casó con Matus en julio de 1957 y un año después nació Fabián, su único hijo. Su esposo le produjo sus primeros discos con un sello independiente, – “Canciones con fundamento”, de 1959, y “La voz de la zafra”, de 1961- con canciones que hablaban no tanto del cerro, el río y el paisaje como acostumbraba el folklore tradicional. Los protagonistas eran los trabajadores, los humildes, los sufridos.

Luego de una temporada de trabajo en Uruguay llegó el día en que su voz penetró para siempre en el corazón de los argentinos. Corría el año 1965 y todo lo que pasaba en materia de folklore, sucedía en el Festival de Cosquín. La Plaza Prospero Molina era la cuna del boom del género, y escenario de unas cuantas polémicas, sobre todo, en torno a quiénes eran los indicados para participar. Mercedes Sosa no estaba en los planes de la Comisión Organizadora, pero sí de uno de los principales artistas de esa edición, explicó el sitio Infobae.

Jorge Cafrune la vio entre el público y tomó la decisión de anunciarla. “Les voy a ofrecer el canto de una mujer purísima, que no ha tenido oportunidad de darlo”. A punto de cumplir 30 años, con un hijo chiquito y un marido que la había abandonado, a la tucumana no le tembló el pulso ni la voz. Agarró el bombo, llenó los pulmones y cantó “Canción del derrumbe indio”. El público la bendijo con su aplauso antes que terminara la interpretación.

En los años 60, fue elegida revelación de Cosquín y registró versiones de “Zamba para no morir” y “Al jardín de la república”; un homenaje a su provincia natal que siempre cantó con orgullo. Fue intérprete de algunos autores consagrados, pero sobre todo desconocidos, y siempre se encargó de decir quiénes habían escrito aquellas líneas que ella cantaba. Llegando al final de la década, grabó la premonitoria “Canción con todos” -de César Isella y Tejada Gómez- y se asoció con el historiador Felix Luna y el compositor Ariel Ramírez para registrar “Mujeres Argentinas”, donde son homenajeadas, entre otras, Alfonsina Storni, Rosario Vera Peñaloza y Juana Azurduy.

Tras pasar su canto por Europa Estados Unidos, el golpe de Estado de 1976 comenzó a complicar su paso por los escenarios del país y en 1978 tuvo su primer llamado de atención cuando fue detenida en 1978 en La Plata, lo que al año siguiente la obligó a exiliarse en el continente europeo.
En 1982 regresó al país para hacer una serie de 13 conciertos en el Teatro Ópera, lo que dio paso a fabricar un puente con otros músicos argentinos de época como Piero, León Gieco y Charly García, quienes junto a Fito Páez, David Lebón, Pedro Aznar y otros más iban a derribar las fronteras con el rock.

Esta apertura por los nuevos sonidos y los nuevos artistas tuvo su cenit en Cantora, un viaje íntimo, el álbum doble que editó poco antes de su muerte y que incluye duetos con Gustavo Cerati -“Zona de promesas”, la gran revelación del álbum y Luis Alberto Spinetta -“Barro tal vez”, la entrañable zamba que Luis compuso a los quince años y que Mercedes siempre había querido cantar a dúo-. El disco la acercó a una nueva generación de artistas, aparentemente lejanos en espacio y tiempo, como Shakira, Julieta Venegas, Jorge Drexler o René Pérez de Calle 13. El trabajo que hoy puede verse como una despedida, fue concebido como una primera etapa de un proyecto más ambicioso. Su muerte, inesperada y dolorosa, sembró la duda de hasta dónde podía llegar su voz, o dicho de otro modo, hasta dónde se hubiera propuesto llegar.
Sus canciones prohibidas

La cantora tucumana grabó más de 40 discos, la mayor parte de ellos publicados por Philips y, más adelante, en otros sellos subsidiarios de la misma multinacional (primero Polygram y luego Universal).

Fue Universal la que lanzó, en 2011, un disco con las versiones en su momento prohibidas («Y seguí cantando»), con 15 canciones grabadas entre 1969 y 1980, ya que desde 1975 integraba la lista de «artistas subversivos» de la Triple A.
Entre las censuradas aparecen «Ocio da terra», de Chico Buarque y Milton Nascimento; «Como la cigarra», de María Elena Walsh«Como un pájaro libre», de Glejer y Reaches, y «Canción de las simple cosas», de Armando Tejada e César Isella. Todas estas canciones aparecían en las versiones internacionales de los discos pero eran suprimidas para la circulación argentina.
Su último gran concierto
Consagrada como una de las voces más importantes del país y de Latinoamérica, ‘La Negra’ dio su último gran recital en el 2006, más precisamente en El Rosedal de la Ciudad de Buenos Aires en que cantó sus más grandes éxitos.

 


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