La vejez: Cosa hijueputa

Compartir en:

Soy mayor, acarreo una vasta experiencia de vida. He corrido. He corrido riesgos también. Sigo corriendo, pero ahora evito los riesgos. No soy viejo, aún. Y no me siento viejo, aún. En términos generales me siento saludable. Pero la vida sigue.

Por Víctor Chaves R. #ReporteroNomada.

Pienso en la vejez, cada vez más seguido. Pienso en los viejos que siguen al lado o han estado cerca de mí. En los que se fueron, en los que se acaban de ir. Y en los que están a punto de irse. Los quiero a todos. Los añoro como eran en años anteriores. Y concluyo rápido, como sin querer mirar, que la vejez es cosa hijueputa.

El uno divaga, ya no se acuerda de nada, especula con su locura. Él lo sabe y nos habla casi que con sorna. La otra se queja: “me duele todo mijito”, me dice cuando le pregunto y ¿cómo sigue, tía? Y yo sé que es verdad y viene a mi cabeza su excelente sentido del humor, una capacidad infinita para el sarcasmo, “para el vainazo”, como ella misma diría después de tantos años de vivir en Bogotá. “Ya no más, esto no es vida”, atina apenas a decirme cuando le pregunto si se acuerda de un vecino del que se burlaba mucho por sus poses de “godo del siglo XIX”. Arruga un poco más su rostro, que permanece mirando al suelo y atina a mostrarme unos dientes amarillos que aún no olvidan que la viejita fumó durante 60 de sus largos años, pero que un día decidió decir “no más de esa mierda. Que pudra a otro por dentro que yo ya estoy lo suficientemente podrida y ya estoy lista para morirme”.
Se equivocó en todo: hoy, que sobrepasa los “noventa y tantos”, se ve aún saludable y hace ya cerca de 15 años que está diciendo que está “lista”.  Olvida que la fila hacia el más allá es anónima. Que no se puede separar ni tampoco comprar el puesto. Que no hay notificación previa, de pronto algunos indicios, pero la fecha y la hora solo la tienen reservadas los suicidas y a quienes les practican la eutanasia.

La realidad es esa. Así como también que se llega a la vejez con toda la estantería y el cableado descompuestos y cuando prácticamente ya no hay tiempo para nada. Es cierto que algunos envejecen desde más temprano: prácticamente desde los 60 años ya parecen unos ancianos desahuciados, y debido a dificultades físicas o mentales, ya no pueden obrar por voluntad propia.

Los años maduros son una carga difícil de llevar. Algunos la asumen con fortaleza y actitudes positivas: enfrentan las dificultades propias con temple y procuran disfrutar de sus últimos tiempos en esta vida.  Se ven alegres y hasta joviales. Pero son unos pocos.

La mayoría llega a la vejez para soportar los peores momentos de sus males y enfermedades, que se agravan si la vida familiar que llevaron de jóvenes los ha dejado solos y aislados. La nostalgia no es buena en estos momentos tampoco y muchas veces agravan los males físicos.

Toda la gente quiere vivir la mayor cantidad de años posibles. Luchan contra las enfermedades y las adversidades para alcanzar este propósito y aunque se le advierta a cada uno sobre lo difíciles que serán esos tiempos, son muy pocos los que preferirían seguir en la brega antes que pedir un descanso inducido.

Todo esto hace parte de la condición humana. La resistencia a la muerte, por encima de cualquier dolor. El miedo a partir, en fin son muchos elementos que nos aferran a este mundo, pero eso no quiere decir que la vejez se lleve fácil.

La vejez, como lo aseguramos en el título es una cosa bien compleja. Y quienes aún la vemos desde la tribuna, pero tenemos parientes y amigos que están en esa fase de la vida, no nos quedan muchas expresiones de asombro.

La vejez es cosa hijueputa.


Compartir en:
WP2Social Auto Publish Powered By : XYZScripts.com
error: Contenido Protegido !!